Dentro y fueraÉ

Algunas palabras sobre los Retratos Ausentes de Luc’a Pizzani.

 

 

 

 

Esta alma, esta sombra, ese ruido de una sombra que, segœn nos dice el poeta quiere su unidad, la o’mos desde fuera sin tener la seguridad de que est‡ dentro. En este horrible dentro-fuera de las palabras no formuladas, de las intenciones de ser inconclusas, el ser, en el interior de s’ mismo, dirige lentamente su nada. Su aniquilamiento durar‡ ÒsiglosÓ. El rumor del ser de los se-dice, se prolonga en el espacio y en el tiempo. En vano el alma recluta sus œltimas fuerzas, se ha convertido en remolino del ser que se acaba.

 

Gast—n Bachelard

 

 

 

            RefiriŽndose al poema en prosa ÒEl espacio en las sombrasÓ del poeta surrealista Henri Michaux[1], Gast—n Bachelard en su libro La poŽtica del espacio, desarrolla una amplia disertaci—n sobre las aristas y particularidades de ese movimiento convulso entre el adentro y el afuera, de ese espacio constante de traslaci—n e intercambio del ser, zona intersticial en la que el hombre se mueve, se desplaza, se traspone sin cesar; compleja y agotadora relaci—n entre el s’ mismo y el entorno frente al fluir de un pasado y un futuro constantes.

En la reflexi—n del fil—sofo, resaltan las im‡genes del poeta Michaux: entrada y salida, luz y oscuridad; opuestos delirantes de una eterna pregunta, inquietudes de un ser que se disuelve para manifestarse en su inconsistencia eterna, la dialŽctica dentro-fuero y el espacio terrible, sombr’o e inaprensible que se desarrolla entre estas dos instancias, espacio de una relaci—n inquietante, de un agobio que tanto el fil—sofo como el poeta proyectan sin salida.

Gran parte de la producci—n art’stica de Luc’a Pizzani parece remitir hacia esa extra–a geometr’a interior que se traza en ese debate, a un tiempo dilatado y plegado, sobre el s’ mismo y sobre el desvanecimiento del yo al que aluden Bachelard y Michaux. En el caso de esta artista, la fotograf’a y el video son las herramientas con las cuales pone en escena la fragilidad arquitectural de ese lugar deshabitado, presencia-ausencia de un sujeto transpuesto que se multiplica en halos de luz, en esquinas confusasÉ puertas por abrir, manchas del espacio, vagas aproximaciones.

Es as’ como trazos y variaciones acuosas del s’ mismo, a travŽs de ocultaciones, tachaduras, ampliaciones y roturas, se disipan en un juego fotogr‡fico que va desde visiones del cuerpo que se confunden con naturalezas vastas y desconocidas en series como L’quida (2007), pasando por disoluciones de la propia sombra sobre el paisaje exterior, hasta construcciones dialŽcticas de la mirada sobre el yo, en un intercambio tan confuso como el que propone la pieza Pedazos (2006), donde la visual de la c‡mara, la contemplaci—n del sujeto sobre s’ mismo y el reflejo de los espejos de donde toma su imagen, se unen en una perspectiva compleja que se abre con gran dinamismo sobre el espectador.

Con una labor disciplinada y constante tanto en los territorios de producci—n de la imagen como en las ‡reas de la creaci—n audiovisual, Pizzani es una joven artista preocupada fundamentalmente por la inestabilidad del yo y por las fracturas del s’ mismo dentro del mundo contempor‡neo; sus preocupaciones la encaminan a usarse como sujeto-objeto de representaci—n. Sin embargo, en su producci—n visual, la auto-representaci—n no constituye una postura cr’tica frente a algœn contenido espec’fico o el redise–o compositivo de una historia por contar. En su obra lo que destaca es, justamente, el levantamiento de ese indefinido anhelo de unidad que el yo fracturado ans’a, as’ como la imposibilidad real de esa concreci—n; por eso los personajes de Pizanni y las variaciones que de s’ misma reelabora constantemente en su obra, se acercan tanto a esa sombra bachelardiana con la que se inici— este texto, a ese ser ambiguo de Michaux que se nos presenta como el desplazamiento de una voluntad desesperada por encontrar su unidad, pero condenada a desvanecerse por completo.

De este modo la auto-representaci—n como factor central en la obra de Pizzani, no es m‡s que la negaci—n de la propia posibilidad de concreci—n del yo, estructur‡ndose como una representaci—n dual y ambigua de la unidad perdida. Es por ello que el paisaje y los elementos de la naturaleza son un recurso tan importante dentro de la configuraci—n de sus propuestas; el individuo dividido se diluye en el espacio, su fractura se deriva, se ampl’a, se despliega sobre una naturaleza tan ef’mera, contractual y mortal como esa suave tortura que agobia las sombras del sujeto escindido. En las im‡genes de Pizzani la diatriba dentro-fuera es constante, traslaci—n siempre intercambiable del propio desvanecimiento frente a las marcas tambiŽn transitorias del entorno, derivando en un producto visual que reconstruye una suerte de micro-radiograf’as de territorios inusitados, panoramas macro-sensoriales donde lo vasto es uno y el todo es nada, donde las perspectivas lum’nicas de poros y detalles se transforman en grandes geograf’as, junto a geodesias que tambiŽn se convierten en un mapa borroso del estar, de la piel.

Sin embargo, es importante destacar que en este persistente dentro-fuera que reconstruye la obra de Pizzani, que en el agobio de ese espacio que Bachelard designa como de horror y espanto, las geometr’as del desvanecimiento que surgen en el cuerpo fotogr‡fico y visual de la artista, proponen en cierto modo una especie de silencioso salto. La disoluci—n, la confusi—n, el desvar’o y en definitiva, la angustia del encuentro o mejor dicho del Òno encuentroÓ de este sujeto con la totalidad perdida, parece haberse diluido en estas im‡genes. La sombra del yo se asume disolvente, acuosa, terrestre y dispar, para entregarse finalmente a una arquitectura visual que consciente de su imposibilidad, se deja estar.

Lo que finalmente obtenemos, es un proceso art’stico donde las presencias desvanecidas y auto-representativas de la obra de Pizzani, (conjunto que en esta ocasi—n reœne su producci—n visual desde el a–o 2004),  se nos presentan como un delirio esencial en cierta forma liberado: la sombra y su abatimiento se funden en estas im‡genes con lo que les rodea, y el sujeto bifurcado camina hacia afuera y hacia adentro, para despertar, a travŽs de la fotograf’a y en un alica’do acto de lum’nica certeza, sobre la conciencia plena de su muerte y, por lo tanto, sobre la nuestra: imposibilidad eterna de uni—n, de integraci—n, de libertad, de permanencia.

 

 

El interŽs de la autobiograf’a, por lo tanto, no radica en que ofrezca un conocimiento veraz de uno mismo –no lo hace-, sino en que demuestra de manera sorprendente la imposibilidad de totalizaci—n (es decir, de llegar a ser) de todo sistema textual conformado por sustituciones tropol—gicas.

Paul de Man

 

 

 

 

 

 

 

Bibliograf’a

Gaston Bachelard. La poŽtica del espacio. Breviarios. MŽxico. Fondo de Cultura Econ—mica, 2000.

Paul de Man. ÒLa autobiograf’a como desfiguraci—nÓ. En: Revista Anthropos. La Autobiograf’a y sus problemas te—ricos. Cuerpo Suplementos. N¡ 29. Monograf’as tem‡ticas. Barcelona, 1991.



[1] Los tres fragmentos fundamentales del poema de Michaux que inspiran a Bachelard en parte de la conformaci—n del cap’tulo ÒDe lo de dentro y de lo de fueraÓ, son los siguientes:

 

ÒEl espacio, pero no pueden ustedes concebir ese horrible adentro-afuera que es el verdadero espacio.Ó

 

ÒCiertas (sombras), sobre todo uniŽndose por œltima vez, hacen un esfuerzo desesperado por Ôser en su sola unidadÕ. Mal les va. Yo encontrŽ una.Ó

 

ÒUn mundo inmenso la o’a todav’a, pero ya no era, convertida sola y œnicamente en un ruido que iba a rodar aœn durante siglos, pero destinado a extinguirse completamente, como si nunca hubiera sido.Ó

 

Henry Michaux. ÒEl espacio en las sombrasÓ. Nouvelles de lÕŽtranger, Mercure de France, 1952. Citado por G. Bachelard en: La poŽtica del espacio. MŽxico. FCE, 2000. p. 255.